DIEGO, EL NIÑO ANGUILA
De un tiempo a esta parte, cambiarle el pañal a Diego es como intentar cambiarle el pañal a un mono loco. Cuando no se planta la mano directamente en el pastel, se retuerce como una anguila.
El efecto 'niño Anguila' no aparece siempre, gracias a los Dioses, pero cuando lo hace, por mi mente aparecen todas y cada una de las veces que he puteado a mis padres y no puedo evitar pensar que todo es un complot kármico urdido como venganza hacia los nuevos padres, para que llamen inmediatamente a sus progenitores y les pidan perdon de rodillas, llorosos y arrepentidos.
Situaciones susceptibles de que Diego se convierta en un animal asilvestrado y el porcentaje de veces que se aliena:
-Cambio de pañal-50%
-Visita al pediatra-100%
-Ser vestido cuando él considera que no debe ser vestido-25%
-Alimentación, cuando no hay 'chichi' ( carne a la plancha)-40%
-Tomarle la temperatura-100%
-Administrarle antibióticos/medicinas/vitaminas por via oral mediante el uso de jeringuillas al uso-100%
Así pues, como habréis podido deducir, llevarlo al pediatra, es una de nuestras peores pesadillas ( y, estoy seguro, de la pediatra también).
En esos casos DIego deja de ser un niño y se convierte en esto:

Yo entiendo que el nene tiene la obligacion moral de ponérselo dificil a sus padres, para eso es el nene. Pero todo tiene un límite. Añoro los días en los que cambiar un pañal era un acto mecánico dividido en cuatro fases:
1-QUITAR PAÑAL
2-LIMPIAR PASTEL
3-UNTAR CREMA
4-PONER PAÑAL
¡Ah! Qué sencillos tiempos pretéritos...
Ahora, inmersos como estamos en la temible 'FASE DE LOS BERRINCHES', cambiar un pañal se ha convertido en una prueba que requiere tal destreza y habilidad, que deberían incluírlo en los programas de entrenamiento para astronautas. Si son capaces de cambiar a un niño anguila, que se retuerce, sube los pies, gira el cuerpo, da patadas, gruñe, llora y llama a su mama en cuanto insinuas que hay que cambiarle... Si son capaces de hacerlo (con el traje y toda la parafernalia), sólo entonces se les puede enviar a Marte, por si hay que luchar contra entes marcianos hostiles.

Dimitri: No lo hagas más larrrgo, Petrrrov, Diego nos está esperrrando. No seas marrriquita. Cofarrrde.
Petrov: Tú no puedess enterderrrlo Dimitrrri. Ese ninio me aterrra. Es la quinta ves que lo intento, Dimitrrrri. ¡Ese pequenio mostro consegirrrá acafar con mi carrrera aerrronáutika!
¡ATENCIÓN!¡ATENCIÓN! Y ahora, en exclusiva universal, la nueva frikada de la familia loca a la hora de cambiar pañales: el nene lee la cenefa del baño. A ver cómo lo explico para que no parezca que estamos todos zumbados perdidos.
Cada vez que voy a cambiarle el paquete al niño, (o lo quiero vestir después del baño) no se quiere acostar. Quiere permanecer de pie en el cambiador y 'leer' la cenefa de la pared. Si tenemos en cuenta que el nene no sabe leer y que confunde los círculos y cuadrados de la cenefa con letras os imaginaréis la estampa. Ademas no le gusta leer solo así que ya nos veis al padre y al hijo leyendo cenefas EN LENGUAS INVENTADAS (sí, sí, como el inglés 'guachi-guachi' que hablábamos de pequeños. ¡Podemos tener conversaciones enteras hablando así!) al tiempo que le cambio el paquete de pie, de espaldas a mí ( si le intento dar la vuelta, se convierte de nuevo en niño anguila,...¡Dios! no tengo un niño, tengo un Pokémon que evoluciona e involuciona a voluntad) y haciendo maravillas para que el pañal quede recto y no se le caiga después por la calle a las primeras de cambio, y la gente diga: 'mira ese niño con el pañal de medio lado, seguro que le ha cambiado su padre'.
Lo cierto es que todo el rollo éste de la cenefa, al principio me parecía bastante simpático, así que cometimos el error de reirle la gracia al niño. El problema es que Diego está desarrollando tal pericia en hablar en 'Cenefo' (y poniendo entonaciones cada vez más extrañas además), que me da pánico pensar que lo primero que haga cuando lo llevemos a la guardería el próximo septiembre no sea llorar y agarrarse del refajo de su madre como los otros niños, sino que se ponga a leer compulsivamente las cenefas de conejitos de las paredes y a las señoritas les de por pensar:
A) Que somos una familia loca y excéntrica por enseñarle lenguas inventadas en lugar de enseñarle las vocales, como todo el mundo.
B) Que es un niño de película de terror hablando en sánscrito, y lanzando maldiciones a diestro y siniestro.
Y, como no me quiero ver a las señoritas encendiendo velas negras a nuestro paso o refiriéndose a nosotros como 'esa gente extraña', ahora le estoy enseñando las letras normales y ya se sabe un montón.

La mayoria de gente se lleva lectura al baño. A Diego no le hace falta: el baño es su lectura. Aquí donde tu sólo ves una cenefa horrenda mi hijo ve un poema de amor cortés o un haiku sobre los almendros en flor. Por ejemplo, en esta 'preciosa' cenefa pone: 'pruskin tropo'.
¿Que qué significa?
Ah, ¿pero acaso tienen significado las cosas absurdas?
En resumen, que antes cambiábamos al nene en dos dimensiones. Y ahora en tres, o cuatro. ¡He llegado a poner un pañal con el niño cayéndose del cambiador! Tal destreza he llegado a desarrollar. Menos mal que a ésta situación le quedan los dias contados, porque Diego ya tiene dos años y tres meses...Y cada vez está más cerca el momento de... (siento escalofríos sólo de pensarlo) el momento de quitarle...No puedo, no puedo hacerlo. Primero se lo voy a decir a mi mascota, la ardilita dramática, y después os lo digo a vosotros:
Ardillita, ardillita, dentro de nada le quitamos a Diego...bisbisbisbisbisbis
¡¡¡¡DENTRO DE NADA LE QUITAMOS EL PAÑAL Y EL CHUPETE!!! ¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!



Brida dijo
¡Ja, ja, ja! Mi marido, que viene a demostrarme con este post que no es el único con problemas para cambiar el pañal, porque todos los días, en algún momento, a Gonzalo se le sale el pis o el pos del pañal y se pone perdido. La diferencia es que a Gonzalo le faltan cuatro días para hacer su primer mes. No sé que será de su padre cuando Gonzalo tenga dos años como super Diego. Por cierto, tranqui con lo del curro y ánimo. A mi marido le despidieron a ocho semanas de nacer Gonzalo y ahora ha conseguido trabajo y encima desde casa. Piensa que siempre que llueve escampa, como decimos en mi tierra, y no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. Así que ánimo, que ya verás como todo se arregla. Un abrazo para los tres.
8 Junio 2009 | 03:09 PM